La importancia de llamarse Sierra

A los artistas los definen o los desdibujan tantas cosas. Al llamarse Jorge Sierra, el artista sin saberlo, o quizás no, opera como su apellido cortando, separando, escindiendo, para las partes, reunidas de otro modo, crear una nueva identidad instable y provocadora.

El corte y recorte, el fragmento que busca y encuentra insospechadas companies, se acopla y empareja como novios nuevos, antes desconocidos, ahora en apariencia inseparables. Sin embargo, algo siempre permanence de la diferencia original, de la identidad anterior al encuentro y ese algo queda suspendido, anhelante como el balcón en el Segundo piso del apartamento de Jorge en la Caleta de las Monjas con vista ala bahía de San Juan sobrevolando la copa de los árboles y debajo de la luna que asciende como por primera vez a un cielo despejado. Espejo uno del otro, el balcón y la luna, encontrándose y desencontrándose, ambos en animada suspension, anzuelo y carnada colgando del hilo de pescar o cometa encampanado tratando de escapar del cordel que la sujeta, la mano que la aterra.

Tierra, cielo y mar, sol y luna adquieren igual levedad en los papeles que al artista dramaturgo le asigna en el papel entintado, estampado, recortando, pegando y despegando de la superficie, creando sombras donde antes existía tan solo luz y ahora puebla de colores que generan gente, animals, minerals desconocidos, objetos inclasificables hijos del ir y venir del rodillo y la gubia, de la tinta y su tránsito de la Madera y la goma al papel. Este asomarse de Jorge al balcón heredado, está cotidiana suspension de su mirada se traslada a la superficie entintada para luego posarse como ave o avión que aterriza en nosotros, en nuestra percepción de un mundo hasta entonces inédito. Multitudes o soledades, santidades o mortalidades, trapecistas, pescadores o pecadores se revelan por partes con pudir que les impide ofrecerse en su totalidad haciendo del espectador un pez en peligro de ser pescado, un niño que en cualquier momento puede quedar huérfano de su intrépida chiringa.

La tensión entre el abajo y arriba, entre la gravedad y lo leve, entre el adentro y afuera es esencial en la creación de Jorge Sierra. Y es así porque reproduce con fidelidad multiplicada es estampas, tantas como el artista quiera deleitarse laboriosamente en hacer, el proceso mismo de la creación. El húmedo descenso del balcón de la mirada al blanco pavimento del papel, la impression, el estampado posterior a la enjundiosa tarea de cortar, rasgar, herir, entintar, retirar el exceso de tinta hasta dejar la superficie lista para el encuentra con el papel son hitos en el acto creador que adivinamos al contemplar la estampa.

El insisto en llamarla estampa en vez de grabado porque aunque sin duda hay aquí tambien incisión, es en el entintado y estampado donde y cuando se define el acto, adquiere su carácter con esa autoridad tan propia de la estampa, su imprimatura.

Pero ahí no termina la aventura amorosa. Como sabios amantes, se paran para acrecentar el placer de volverse encontrar. El corte y recorte, el pegamento en suspension creando leves pero significativos volúmenes y sombras establece un movimiento de avance y retroceso, un bolero o salsa cadencioso o alborotado, festivo o melancólica que nos convierte en cómplices activos del encuentra, Celestinas marco de por medio.

Las estampaciones de Sierra, no obstante reproducir o más bien representar imagines tomadas de lo cotidiano, en el mismo acto de su creación trascienden lo representado. El espaldar de una silla, una esfera rugosa, una tabla, la conjunción de signos apretujados saliendo de una boca dejan de serlo aún reteniendo su origen. Ya son otra cosa en el juego combinatorio de forma y color, luz y sombras. Y quieren incorporarse. ¿Y por qué no? Hay en estos cuadros una vocación volumétrica, un deseo de ocupar el espacio anterior a la pared, el nuestros, el del espectador e integrarnos no ya a la ilusión del espacio sino a la realidad corpórea, en la tangibilidad de la imagen.

Sospecho que pronto Jorge dará el salto al espacio que aquí se anuncia. No solo el de descender de su romántico balcón sino de avanzar en el espacio e incluirnos en su abrazo. No podia ser menos que después de cortar, recortar, pegar y suspender figuras decidiera acortar distancias y acercarse con temeridad y audacia a la realidad que tanto le atrae para poder transformarla no ya en el sosiego de la excavación sino en la passion de una nueva realidad.

Antonio Martorell
La playa de Ponce
23 de Julio de 2009