"Ensayo"

Desde la noche de los tiempos, el hombre ha creado estereotipos sobre las materias a su alcance: "frío como el acero", "delgado como el papel", "inerte como el mármol" y un sinfín de tópicos gastados sobre esta o aquella sustancia. Menos mal que también ha habido siempre personas dispuestas a demostrar que el sentimiento trasciende los medios expresivos utilizados y que, en efecto, hay acero cálido, papel grueso y mármol muy vivo. Este es, sin duda, el caso de José García, particularmente en su nueva exposición. El artífice viene nuevamente a probar cómo el sentimiento vence a la materia, la impregna, la fecunda y la transforma. No solo se adueña de las formas naturales (de la medusa a la flor, del rayo de sol a la gota de rocío), sino que, como diestro vaquero logra domarlas para que expresen el m‡s noble y divino de los sentimientos: el amor. Cuando ese torrente de emociones que llamamos amor nos embarga, es difícil no caer en la tarjeta de supermercado, en la frase socorrida, en definitiva, en la salida fácil. Por eso, observamos complacidos que, al tiempo que el artista abre cada vez más el abanico de posibilidades y técnicas, y que lucha por no estancarse y dar libre curso a la creatividad, sigue siendo fiel a sí mismo, a su estilo y bien hacer, y expresa su alegría existencial de la forma que mejor sabe, con cartas amatorias escritas en piedra, con poemas metálicos, con el corazón hecho arte.

No puedo resistirme a reproducir los famosos versos que cantara en su día la ilustre chilena Violeta Parra: El amor es torbellino de pureza original hasta el feroz animal susurra su dulce trino detiene a los peregrinos libera los prisioneros. El amor con sus esmeros al viejo lo vuelve niño y al malo solo el cariño lo vuelve puro y sincero.

Gracias, José, por regalarnos un pedacito de tu mundo interior, por expresar de forma tan elocuente tu percepción de la vida y la belleza. Que Dios te siga colmando de éxitos como artista y, sobre todo, como ser humano.

Juan Carlos Santos, eterno aspirante a trujimán